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¡Inscríbete en nuestro próximo curso!

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Invitamos a profesores y directivos a postular a nuestro próxima capacitación a realizarse durante el mes de abril:

“Estructuras cooperativas Nivel I”

Se les entregará a profesores y directivos herramientas para un buen trabajo cooperativo en el aula basado en la metodología e investigación de Spencer Kagan.

Para mayor información, contáctanos a contacto@entrepares.cl

No te pierdas esta gran oportunidad para generar el cambio que necesita tu colegio.

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El aprendizaje cooperativo y el funcionamiento del cerebro

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En el proceso de enseñanza-aprendizaje, es fundamental que se den algunas condiciones básicas que aseguren el buen funcionamiento del cerebro.  Se favorece la retención en el cerebro si:

  1. HAY SEGURIDAD: La amígdala está preparada para ser sensor de amenazas externas, para pelear o huir. En un grupo, de forma natural, la amígdala se activa cuando aparece una persona extraña, ante personas de otra raza distinta o ante otro grupo distinto. Individualmente, cuando observamos una expresión de una cara con miedo o preocupación o de enfado. Cuando las amígdalas se activan, envían señales al cortex del cerebro y lo bloquea, se produce stress cerebral, las neuronas se “encogen” y dejamos de “pensar” para reaccionar. Ante el stress no se puede dar aprendizaje. Todos necesitamos pertenecer a un grupo, no estar fuera de la “manada”. Hay estudiantes que se ven constantemente amenazados porque no se encuentran a gusto en el aula. En una clase tradicional están en un grupo pero NO pertenecen al grupo. En una clase es conveniente mantener relajada la amígdala, es decir, hacer actividades que liberen dopamina. En un aula clásica la enseñanza es competitiva y cuando se juega, también se compite, alguien gana y alguien pierde. En un aula cooperativa se trabaja en común y se disfruta del currículo. Además, podemos hacer actividades lúdicas a propósito para cooperar.
  2. HAY NUTRICIÓN: Nuestro cerebro pesa unos 1,5 kilos y tienen unos 100 billones de neuronas. Cada una dispone de una media de 2.000 dendritas o conexiones que se excitan 200 veces por segundo. Para mantener toda esta actividad cerebral de forma óptima, necesita una constante aportación de glucosa y oxígeno. Si no se oxigena cada 10 minutos, las neuronas comienzan a morir. Además, el cerebro responde a estímulos físicos corporales de forma que el movimiento ayuda a la retención. Si se mantiene una clase a un ritmo monótono, se generan pocos de estos estímulos y el aula se desincroniza. Cuando estamos cansados, realizar una nueva actividad nos da energía. La música también puede usarse con fines de relajación o para “activar” la clase, romper con la rutina o hacerla emocionalmente más agradable. Las actividades que requieren movimiento o cambio de sitio también son adecuadas para esto.
  3. HAY EMOCIÓN: Los cerebros son emocionales. Cuando hay más emoción, se excita el hipotálamo y se aumenta la capacidad de atención. La emoción se evoca cuando algo es bueno o malo, placentero o desagradable. En el cerebro, la emoción es una señal de que algo supone tanto una oportunidad como una amenaza. El cerebro está orientado a prestar atención porque esto aumenta nuestra probabilidad de supervivencia. Cuando existe una emoción, las neuronas en el cerebro se activan con una mayor frecuencia, señalan: “Presta atención” y “Mejor que recuerdes esto”. Un aula compatible con el cerebro es aquella en la que no se evitan las emociones; por el contrario, se fomentan en beneficio del aprendizaje. Los estudiantes se esfuerzan más en una clase donde disfrutan. Cuando dos neuronas se unen, se produce aprendizaje y si hacen conexiones entre si, van 200 veces más rápido. El desarrollo cerebral está relacionado con el proceso de mielinización neuronal que se completa hacia los 21 años. El adolescente actúa ante las emociones, no las controla. El cerebro busca a la vez novedad y predictibilidad, saber que va a suceder. Lo hace dos veces por segundo (Jeff Hawking, “On inteligence”). Es paradójico, hay que vivir en un mundo predecible pero con novedades y emociones. El secreto en el aula es mantener el equilibrio de esta balanza, si abusamos de la rutina se produce monotonía y aburrimiento. Si, por el contrario todo es novedad, producimos ansiedad y caos. Por eso el aprendizaje cooperativo pauteado es a la vez novedoso y predecible.
  4. HAY UN COMPONENTE SOCIAL: ¿Cómo funciona el cerebro? Hoy en día, gracias a las técnicas de scanner sabemos mejor como funciona nuestro cerebro. La neurología ha comprobado que partes del cerebro se activan más ante determinadas acciones:
    4.1 LEER: La corteza visual se activa.
    ESCUCHAR: se activa el área de Wernicke.
    HABLAR: área de Broca.
    CONVERSAR: actividad generalizada del cerebro, se activan más zonas.

    Cuando intercambiamos ideas realizamos mayor actividad. Primero evaluamos la congruencia o autenticidad de los mensajes que recibimos. Sin ser conscientes de ello, cuando explicamos nuestros pensamientos a un compañero o grupo, también comunicamos nuestro mensaje con nuestro lenguaje corporal, expresión facial y gestos. Además, comparamos la información y los marcos conceptuales proporcionados por otros, con los nuestros. Cuando recibimos información nueva, nos preguntamos: ¿Esta información encaja en mi marco conceptual? ¿Puedo asimilarla o debo acomodarla? Con este proceso hacemos que el mundo tenga sentido. Una de las razones por la que la interacción social conduce a un nivel de pensamiento más elevado, es porque durante el intercambio de ideas, una persona proporciona a la otra información nueva y nuevos marcos conceptuales. Cuando recibimos nuevas ideas, estamos forzados a una síntesis de mayor nivel, activándose el córtex prefrontal. Si de forma natural prestamos mucha más atención al estímulo social, tiene sentido que los alumnos interactúen regularmente en el contexto académico: hemos de pedirles que discutan, debatan, y trabajen juntos sobre el contenido.

  5. ES NECESARIO PROCESAR LA INFORMACIÓN: ¿Por qué se olvidan tan fácilmente los números de teléfono? ¿O los chistes? Porque se retienen solo en la memoria a corto plazo. Esta memoria está preparada para almacenar no más de diez cosas a la vez. La número once hace que rebalse y la doce, si “entra”, es para “sacar” otra. Seguro que nos ha sucedido alguna vez que, si tenemos mucho que hacer y nos sentimos agobiados, simplemente nos paramos, escribimos una lista y la sensación de mejora es inmediata. ¿Por qué?, porque hemos procesado la información. Cada vez que se procesa, queda “sitio” en el cerebro para comenzar con una nueva. Cada individuo tiene un estilo de aprendizaje, pero hay algunos principios básicos que sirven para cualquier persona:

    El proceso natural del cerebro para procesar la información es mediante imágenes, por lo que cualquier actividad que se planteé o se vea reforzada con ellas aumentará la retención (mapas mentales, organizadores gráficos, imágenes, dibujos…)

    El cerebro procesa mejor si se activan sus inteligencias múltiples. Escribir, verbalizar, dibujar… presentar la misma actividad con formas diferentes o dar oportunidad de expresarse con distintos formatos.

    Nuestro cerebro dispone de cinco sistemas de memoria (semántica, procesual, espacial, de trabajo y episódica). Los sistemas tradicionales fomentan la semántica (recordar palabras), mientras que la más accesible es la EPISÓDICA, es decir, la retención de la información por episodios (escenas de una película). En una clase tradicional no enseñamos por episodios. Las estructuras pueden usarse cada 15 minutos de forma que marquen ritmo en la clase.

    Está demostrado que una buena práctica es dedicar todos los días un cuarto de hora a repasar lo del día anterior.

    Reforzar con símbolos kinestésicos. Estos símbolos hacen que participen múltiples sistemas de memoria, sitúan el contenido en más lugares del cerebro y aumentan exponencialmente la probabilidad de recordar algo.

    Ofrecer retroalimentación (feed-back). La búsqueda de información de retorno está biológicamente enraizada en nuestra necesidad de ser un organismo efectivo, de marcar la diferencia. Un aula compatible con el cerebro es rica en información de retorno. La hoja de trabajo tradicional es pobre en información de retorno. El alumno la recibe en el mejor de los casos al día siguiente, después de que el profesor ha calificado su trabajo.

    La búsqueda de información de retorno también está relacionada con la búsqueda de significado. Intentamos algo y después lo comprobamos para asegurarnos de que funcionó. Desde que nacemos, todos somos científicos, y realizamos mini experimentos para comprobar qué comportamientos producen qué consecuencias.

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Beneficios del Aprendizaje Colaborativo

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El aprendizaje cooperativo es el tema más investigado en innovación educativa del último tiempo.

Cientos de investigaciones han demostrado que el aprendizaje cooperativo tiene un impacto positivo en el clima de aula, la autoestima de los estudiantes, la empatía, el locus de control interno, la habilidad para cumplir un rol, el tiempo en la tarea, la atención, la aceptación de todos los estudiantes y el gusto por el colegio y el aprendizaje.

Muchas investigaciones han estudiado los efectos del aprendizaje cooperativo en el desempeño académico, actitudes y compromiso con el aprendizaje. Las investigaciones científicas y los docentes han llegado a los mismos resultados; el aprendizaje cooperativo muestra un marcado aumento en las siguientes áreas:

  • Mejora de los resultados académicos
  • Reducción de la desigualdad entre los estudiantes
  • Mejora de las relaciones interpersonales.
  • Desarrollo de habilidades sociales.

Existe evidencia de que el entrenamiento en trabajo colaborativo promueve el involucramiento de los estudiantes en la escuela ya que facilita la integración social, al ofrecer oportunidades para que los niños se conecten y aprendan unos de otros. De este modo, se ha planteado que es una metodología ideal para trabajar con grupos diversos.

Un aula es una situación. Si queremos que sea cooperativa, hay que crear situaciones de trabajo cooperativo. En un sistema tradicional de enseñanza funciona el ¡yo, yo, yo!, solamente el alumnado aventajado es el que levanta la mano en clase, la participación es limitada. En un sistema que introduce el trabajo en grupo sin organizar, se reproduce en menor medida la situación anterior, es decir, siempre habrá unos alumnos que serán los líderes del grupo, tomarán la palabra la mayoría de las veces, dirigirán a los demás etc. El sistema que mejor funciona es el del GRUPO ESTRUCTURADO, donde todos los integrantes del grupo tienen diferentes funciones y cumplen con responder una parte de la tarea esencial para que todo el grupo aprenda.

Cuando damos vuelta las sillas en la sala de clases y ponemos a los alumnos a trabajar en grupo, transformamos radicalmente la dinámica de la clase. Los estudiantes que no están motivados de la otra manera, se involucran con el trabajo. Los estudiantes tienen la posibilidad de hacer lo que a ellos más les gusta, interactuar de manera positiva con sus compañeros. Los estudiantes cuentan con sus compañeros para realizar las tareas y reciben constantemente estímulos y ayudas. Se sienten incluidos. Los estudiantes empiezan a formar parte de una comunidad de aprendizaje; empiezan a disfrutar del trabajo y el aprendizaje conjunto. Ven a los profesores como alguien que los ayuda y los guía, un apoyo, no alguien que se para atrás y los evalúa. Los estudiantes que trabajan en equipo se sienten más satisfechos con ellos mismos – no sólo porque respondemos a su necesidad de “sentirse parte”, también porque empiezan a mejorar sus resultados académicos. Y, obviamente, el aprendizaje se vuelve más entretenido, para alumnos y profesores.

Tal vez el aspecto más crucial y más interesante de las técnicas de aprendizaje cooperativo es que se trata de unos métodos que no sólo mejoran las relaciones y las actitudes interraciales e intergrupales y que son muy positivas para los niños con necesidades, sino que también son altamente eficaces para el rendimiento académico de todos los niños. En definitiva,

“la mayor ventaja de los métodos de aprendizaje cooperativo está en la amplia gama de resultados positivos que las investigaciones han encontrado en ellos. Aunque puede haber muchas formas de mejorar las relaciones entre niños de diversos orígenes, o entre alumnos integrados y alumnos de progreso normal, pocas pueden ayudar también a mejorar el rendimiento del alumno. Y aunque ciertamente hay muchas formas de acelerar el aprendizaje del alumno en una o más asignaturas y niveles de edad, pocas se aplican igual de bien en casi todas las asignaturas y niveles de edad; y todavía menos pueden documentar mejoras en el aprendizaje y mostrar también una mejoría en las relaciones sociales, la autonomía, el gusto por el colegio y otros resultados de los niños”[1].

[1] Slavin, R. (1992). Aprendizaje cooperativo, en C. Rogers y P. Kutnich (Eds.) Barcelona: Paidós.